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miércoles, 25 de enero de 2017

Bolívar y Martí en la génesis ideológica de Fidel. Por Lenín Altuve.


Todos sabemos hasta que punto la revolución cubana y el pensamiento de Fidel Castro ha bebido de las teorías del materialismo dialéctico, Del marxismo leninismo. Pero el verdadero sustrato de la revolución cubana, y sus referentes históricos, han de hallarse, si los queremos buscar, en el pensamiento libertario de José Martí, que es lo mismo decir que en el pensamiento Bolivariano.
José Martí ideólogo héroe y apóstol de lucha de independencia de Cuba, desde joven tuvo oportunidad de conocer el proceso emancipatorio Gran Colombiano liderado Por el libertador Simón bolívar, que, tuvo un gran efecto en el joven Martí. En una alegoría escrita posteriormente por Martí se refleja el amor profesado hacia el libertador Posterior ,cito “…Todos los americanos deben querer a Bolívar. A Bolívar, y a todos los que pelearon como él, porque la América fuese del hombre americano. A todos: al héroe famoso y al último soldado, que es un héroe desconocido. Hasta hermosos de cuerpo se vuelven los hombres que pelean por ver libre su patria…” La admiración del Apóstol de la revolución cubana por Bolívar se hizo aún más patente a su llegada a Venezuela en 1881, donde, buscando la memoria del libertador logró profundizar no sólo en su pensamiento, sino también en su accionar revolucionario. De Bolívar escribiría Martí “Pensar en él, asomarse en su vida, leerle una arenga, verlo deshecho y jadeante en una carta de amores, es como sentirse orlado de oro el pensamiento. Su ardor fue el de nuestra redención, su lenguaje fue el de nuestra naturaleza, su cúspide fue la de nuestro continente: su caída para el corazón. Dícese Bolívar, y ya se ve delante del monte al que, más que la nieve, sirve el encapotado jinete de corona, ya el pantano en que revuelven con tres repúblicas en el morral, los libertadores que van a rematar la redención de un mundo. ¡Oh no! en calma no se puede hablar de aquel que no vivió jamás en ella: ¡De Bolívar se puede hablar con una montaña por tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres en el puño y la tiranía descabezada a los pies...! Ni a la justa admiración ha de tenerse miedo, porque esté de moda continua en ciertas especies de hombres el desamor a lo extraordinario; ni el deseo bajo del aplauso ha de ahogar con la palabra hinchada los decretos del juicio; ni hay palabra que diga el misterio y fulgor de aquella frente cuando en el desastre de Casacoima, en la fiebre de su cuerpo y la soledad de sus ejércitos huidos, vio claro, allá en la cresta de los Andes, los caminos por donde derramaría la libertad sobre las cuencas del Perú y Bolivia. Pero cuanto dijéramos y aun lo excesivo, estaría bien en nuestros labios esta noche, porque cuantos nos reunimos hoy aquí somos los hijos de su espada.” y aunque la Estadía de Martí en nuestro territorio fue breve debido a la intolerante postura del general Antonio guzmán Blanco que censurase la publicación fundada por él que llevase por nombre de “ El Venezolano”, este periplo de seis meses por tierras venezolanas insufló el ánimo del estadista, poeta, periodista y revolucionario cubano , para consolidar lo que se venía fraguando desde hace una década atrás en 1871 con la creación del partido revolucionario de Cuba, cuyo fin principal era darle la independencia a su nación. Pero precisamente por la influencia de Bolívar y su visión integracionista, sabía Martí que la independencia de su isla estaba ligada intrínsecamente a la liberación de los territorios hermanos, como es el caso de Puerto Rico, es así como concibe que la lucha por la emancipación cubana debe ir más allá y abarcar regiones vecinas. Hacia allá apunta su pensamiento y su accionar. Y hasta el final de su vida habría de seguir a Martí el ideario que lo Identificaba a Bolívar y a los más grandes hombres de la emancipación de América. Por eso, comenzada la guerra decisiva por la liberación de su patria y ya en los campos donde se libraban batallas, escribe lo siguiente: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber -puesto que lo entiendo y tengo ánimos con qué realizarlos- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.
Al igual que Bolívar, Martí comprendió muy bien el peligro que suponía para la integración de los pueblos las crecientes ambiciones expansionistas del emergente imperio norteamericano, y así como Bolívar en una carta escrita en 1828 al encargado de negocios de su majestad británica profetizaba que “Los estados unidos de Norteamérica parecen estar destinados por la providencia para plagar la América de miseria en nombre de la libertad”. El Apóstol cubano años después en el marco de la celebración de la primera conferencia panamericana realizada entre el 28 de septiembre de 1889 y el 31 de agosto de 1890, alertaba sobre el peligro que suponía los anhelos Hegemónicos del imperio del Norte y de los lacayos internos que servían ayer como lo hacen hoy a los intereses del mismo. En ese congreso de naciones americanas -dice-“,…. donde por grande e increíble desventura, son tal vez más los que se disponen a ayudar al Gobierno de los Estados Unidos a apoderarse de Cuba que los que comprenden que les va su tranquilidad y acaso lo real de su independencia en consentir que le quede la llave de la otra América en estas manos extrañas. Llegó ciertamente para este país (EE.UU.) apurado por el proteccionismo la hora de sacar a plaza su agresión latente, y como ni sobre México ni sobre Canadá se atreve a poner los ojos, los pone sobre las islas del Pacífico y sobre las Antillas, sobre nosotros”. Ambos libertadores comprendieron que la libertad plena de los territorios Gran colombianos, nuestro- americanos, serían en lo sucesivo, una guerra en contra de los intereses expansionistas de Los Estados Unidos de Norteamérica.
He aquí la génesis del pensamiento Ideológico del Comandante Fidel a quien homenajeamos hoy. Su obra En Cuba, en América, en el mundo, representa la síntesis del ideario Martiano y bolivariano, que son uno mismo en su esencia. La integración de las naciones latinoamericanas ha sido eje medular en las doctrinas filosóficas de uno y otro. En Bolívar Martí y Fidel se nos presentan tres contextos históricos, tres tiempos históricos entrelazados pero también tres elementos comunes que le han dado fisionomía a las luchas de emancipación Nuestro-Americanas: el carácter anti imperialista, la integración de los pueblos y la toma de las armas como medio para la liberación y nunca, como herramienta para la colonización, el expansionismo y la subyugación de los pueblos. El pueblo Cubano de la Mano de Fidel ha sido posiblemente la nación que más ha hecho por la integración de los pueblos del mundo Durante el siglo XX y lo que va del presente siglo. Fidel amalgama los postulados integracionistas de Bolívar y Martí, y los pone en práctica para beneficio de la humanidad mediante el internacionalismo como propuesta frente a los principios individualistas y chovinistas de la sociedad capitalista. Basándose en la máxima de José Martí “Patria es humanidad”, Fidel castro hizo de la solidaridad internacionalista un pilar de la política cubana.
Al lograr una segunda independencia para el pueblo de Cuba, el padre de la revolución cubana, convirtió a esta pequeña isla en extensión geográfica pero enorme en Voluntad, en un faro de luz para para los pueblos oprimidos. El apoyo a los muchos movimientos revolucionarios e independentistas en regiones como América Latina Asia y África dan cuenta de ello. Del mismo modo Cuba desempeñó un papel clave en la lucha contra el apartheid y mandó a cerca de 300.000 soldados a Angola entre 1975 y 1988 para hacer frente a la agresión del ejército supremacista de Sudáfrica. Al respecto diría el Comandante Fidel en el discurso de la clausura del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, celebrado en el Teatro "Carlos Marx", 22 de diciembre de 1975 “Algunos imperialistas se preguntan por qué ayudamos a los angoleños, que qué intereses tenemos nosotros allí. Ellos están acostumbrados a pensar que cuando un país hace algo es porque está buscando petróleo, o cobre, o diamante, o algún recurso natural. ¡No! Nosotros no perseguimos ningún interés material, y es lógico que los imperialistas no lo entiendan, porque se guían por criterios exclusivamente chovinistas, nacionalistas, egoístas. ¡Estamos cumpliendo un elemental deber internacionalista cuando ayudamos al pueblo de Angola!”.
Ni que decir del apoyo prestado en materia de educación a las más vario pintas naciones en todo el mundo, la masificación de la educación y del conocimiento entendido como un principio fundamental de emancipación del individuo y las sociedades, es otro de los ejes transversales del pensamiento bolivariano y martiano que se materializa en el accionar revolucionario de Fidel. Bolívar decía que “nos han dominado más por la ignorancia que por la fuerza” y que “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”, otro tanto decía Martí “Todo hombre tiene derecho a educarse y en pago contribuir a la educación de los demás”. Fiel a esta ideología de la necesidad de una educación liberadora, la Cuba de Fidel ha llevado como ningún otro país en términos cuantitativos y cualitativos la educación hasta los más inexorables rincones del planeta, desde el año 2003 según cifras de la UNESCO el programa Yo si puedo permitió que nueve millones de personas de cinco continentes diferentes aprendieran a leer y escribir. Esta es la visión más acabada del pensamiento de Bolívar y Martí.
Quisiera culminar esta intervención con una frase de Fidel que sintetiza nuestras luchas históricas, nuestros triunfos como pueblos hermanos, pero sobre todo lo que aún, de la mano de ese gigante que a su vez fue el reflejo de los dos Libertadores en sustentó su pensamiento y su acción, nos queda mucho por hacer.
“Nosotros, que venimos de atrás, que fuimos conquistados, que fuimos explotados, que fuimos esclavizados a lo largo de la historia, ¡qué ideas maravillosas podemos defender hoy, qué ideas tan justas pueden ser nuestras ideas! Y podemos pensar en términos latinoamericanos y hasta en términos mundiales: ¡Qué lejos hemos llegado los esclavos!”
(discurso en el acto central por el XXXVIII Aniversario del asalto al Cuartel Moncada, efectuado en la Plaza Victoria de Girón el 26 de julio de 1991)”


De izquierda a derecha: Hugo Chávez,  José Martí, Simón Bolívar, Fidel Castro y  Ernesto Che Guevara. Plaza Bolívar de Caracas, Venezuela. From a mural in Caracas, Venezuela. From left to right: Hugo Chávez, José Martí, Simón Bolívar, Fidel Castro and Che Guevara.

martes, 26 de julio de 2016

233 años Simón. Por Lenin Altuve.



Es perentorio en esta celebración del natalicio de Simón Bolívar el Libertador, y en el extraordinario momento histórico que nos ha tocado vivir, conscientes del cambio de Época que atravesamos como sujetos políticos-históricos y colectivos; protagonistas de nuestro devenir, dar una mirada, una mirada crítica; pero esa mirada no es la de la visión inquisidora y moral de la historia con la que han clavado sus ojos y sus plumas por tantos años sesudos historiadores, y escritores, que, desde su propia y cómoda temporalidad, disparan sus juicios de valor hacia Bolívar y su gesta emancipadora.
Unos, lo han montado en un altar, sacralizándolo, y de esta manera alejándolo del pueblo, deshumanizándolo… y otros tantos, creyéndose portadores del báculo de la verdad y la razón, lo bajan de ese altar estatuario, pétreo. Pero de manera mezquina lo entierran en el lodo de la ignominia, escarbando en los entresijos de su vida para desmeritar sus acciones y contaminarlas con el oprobio. Han sido y son unos y otros “el mismo negro con diferente cachimbo”.
La crítica, necesaria además, no debe ir dirigida a Bolívar, o mejor dicho, no debe ser hacia la figura de Bolívar, que, dicho sea de paso, es a lo que por nuestra miope y sesgada visión de la historia –esa que llamamos historia patria- podemos aspirar. A esa figura de un Bolívar mediado por las conveniencias de las altas esferas y grupos de poder que por tantos lustros ocuparon el gobierno, y que dependiendo de sus intereses, le han colocado la envestidura que mejor se adapte a sus objetivos particulares; Transfigurando tanto nuestro Simón, que nos terminan siendo irreconocibles y opuestas para el pueblo las figuras que de él se crean, como distinta ha sido su iconografía.
Así entonces es a la figura de Bolívar y no a Bolívar en sí mismo, a quien nos ufanamos de conocer, y por ende de criticar, fundamentados por los débiles andamiajes de los juicios de valor impuestos por aquellos “especialistas” que trafican con la historia.
Entonces, ¿hacia quién debe ir dirigida la crítica? Nos aventuramos a decir, hoy en este día que la crítica debe apuntar hacia nosotros, el nosotros pueblo; el sujeto político en su más amplio significado, la del sujeto que por definición vive y se desenvuelve en sociedad, y a su vez contribuye a transformarla.
Ese ejercicio de autocrítica que estamos llamados a ejercer, no es de carácter destructivo, pero si se trata de deconstruir esa visión que ha sido enquistada en nuestro imaginario colectivo, de que las caras más visibles de nuestra gesta independentista, y a la cabeza de ellas, Bolívar, estaban envueltos en una suerte de halo mágico, en donde la providencia, y no su contexto histórico, les marcó el rumbo que los llevaría a liderar el proceso de independencia política conquistado frente al imperio español.
Y más aún, que Bolívar, líder indiscutible de nuestra revolución de independencia, fue producto taumatúrgico del destino, y sus acciones obedecieron a un “no se qué”, inexplicable, propio de hombres sobrenaturales, que parecieran estar, por sus dotes, fuera de la historia.
Nada más alejado de la realidad. Nosotros ese nosotros pueblo, que desde hace al menos dos décadas hemos venido tomando conciencia de nuestro papel en la historia, debemos tener claro, cristalino, que Bolívar fue y sigue siendo expresión y hechura de las masas populares, que, por las contradicciones propias de una sociedad convulsionada, y en crisis; la sociedad colonial del siglo XIX, en el caso del contexto histórico que le tocó vivir al Libertador; y en nuestro caso, la crisis eminente de la sociedad capitalista, le ha tocado estar a la vanguardia de los movimientos revolucionarios de la América del Sur.
Nos resulta casi ocioso y hasta tedioso, inclusive en una fecha como hoy a los doscientos treinta y tres años del natalicio de Bolívar, recordar y repetir cronológicamente, partiendo desde un 24 de Julio de 1783 hasta un 17 de Diciembre de 1830, lo que hemos escuchado hasta la saciedad como un rezo doctrinario, aprendido de memoria desde los primeros años de nuestra educación. Las peripecias, sucesos, anécdotas, acontecimientos y hazañas que marcaron la vida del grande hombre que fue y es Simón Bolívar. En todo caso no es esa nuestra intención.
Sin embargo, sí hemos querido hacer referencia a su vida y obra; porque son el reflejo vital de un pueblo fraguado al calor de una revolución, y configurado por la violencia de una guerra fratricida. Para nosotros hablar de Bolívar, no debe ser más hablar de un súper hombre, fuera de este mundo. Hablar del Libertador, debe ser en lo sucesivo hablar de pueblo, hablar de nosotros, o, hablarnos a nosotros, debe ser hablar de espacio y tiempo, de contradicciones inherentes a la condición humana. De multiplicidad, de abundantes fracasos y efímeros éxitos. Pero también de enseñanzas permanentes en el tiempo.
Y para hablar de Bolívar, hemos querido, así como lo hizo hace treinta y tres años el maestro José Manuel Briceño Guerrero en su -RECUERDO Y RESPETO POR EL HEROE NACIONAL- observando al Libertador la luz de Tucídides, mirarlo nosotros a la luz de Miguel Acosta Saignes y su -ACCIÓN Y UTOPÍA DEL HOMBRE DE LAS DIFICULTADES- .
Este magnifico ensayista, etnohistoriador, geógrafo y docente venezolano, que escribió que “la identidad no es la historia, sino que más bien es la conciencia de la historia”, nos ilumina con su maravillosa biografía de Bolívar, maravillosa en tanto y en cuanto que es una biografía del pueblo venezolano y de su heterogeneidad, y no adosada a un culto que cómo hemos dicho, lo deshumaniza y lo petrifica. Así pues nos dice Miguel Acosta Saignes que: “ No es posible estudiar a Bolívar fuera del gran contexto político internacional, americano y europeo, dentro del cual hubo de actuar, ni aislarlo siquiera momentánea o metodológicamente, como solitario de capacidades eminentes cuyo genio lo llevó a ser guía y héroe. Así lo presentan muchos historiadores y políticos para que la enseñanza de su esfuerzo resulte baldía y para que las masas combatientes en el mundo de la segunda parte del siglo XX, no vean ejemplo y enseñanza en las peleas de los esclavos, de los pardos, de los indios, de los mestizos, quienes formaron los ejércitos de liberación. Nosotros lo vemos como el genio resultante de muchos sectores: el de los criollos dirigentes del proceso de libertad con sus propios designios; el de los ejércitos mixtos, que sufrieron infinitos sacrificios y enseñaron a Bolívar como era en realidad su vida cotidiana… el de los esclavos que en algunas regiones lucharon en 1813 y 1814 al lado de los ejércitos patriotas en el oriente… y en ocasiones como durante esos mismos años en los llanos erraron el camino de la libertad nacional, pero obligaron a Bolívar, y a los criollos, a tomarlos en cuenta como inmensos factores en la lucha.”
La biografía de Acosta Saignes nos presenta una radiografía de las luchas intestinas de un pueblo que todavía no se convertía en nación, ni tenía noción de ella, un pueblo dividido que tenía distintos anhelos y conceptos de libertad; la libertad económica y política de los mantuanos que, desde las reformas borbónicas y con la instauración del monopolio comercial otorgado a la compañía Guipuzcoana en 1730 dejaron de gozar. La de los pardos que aspiraban a la igualdad social en relación a esa élite mantuana, negada de facto por una sociedad impermeable en la práctica aunque con licencia para adquirirla por medio de la real cédula de gracias al sacar aprobada en 1795, que pretendía vender el “blanqueamiento” social para llenar los bolsillos de un reino vaciado por las guerras europeas. La de los negros esclavos que veían en la guerra de independencia una salida abrupta luchando en uno u otro bando, para escapar a una vida condenada a la esclavitud del cuerpo y del espíritu.
Entonces, no es el Bolívar aislado de la dinámica social como nos han querido hacer creer. Continúa Miguel Acosta Saignes diciéndonos que “Algunos afirman a veces, que es preciso estudiar a Bolívar como hombre, no como semi-dios, pero al analizarlo se quedan en rasgos personales, en anécdotas. Los mantenedores de su culto antipopular pretenden esculcarle hasta los entresijos del pensamiento. Según ellos, no quiso decir esto sino eso otro; no sentía de tal modo, sino como ellos lo imaginan. Lo cual por cierto, conduce a preguntarse ¿hasta dónde es posible estudiar a un ser humano desaparecido en cuanto fue su personalidad?”.
No es posible entonces divorciar la vida de nuestro Libertador con la del Pueblo, inclusive y necesariamente de la de su clase, la mantuana y sus intereses. Es un Bolívar que va tomando forma y cuerpo a la par de la masa popular, que evoluciona con ella, a la que intenta no siempre con éxito comprender, por sus orígenes aristocráticos, pero que poco a poco irá mimetizándose entre ella, pareciéndose más a ella, asumiendo al lado de ella su papel en la historia. Al respecto nos interpela el escritor de su Acción y Utopía. “¿Cual es el papel del individuo en la historia? ¿Hacen algunos individuos geniales la historia, convenciendo a las sociedades de lo que les parece preferible? ¿Cuál es el papel de las masas en la historia? ¿Siguen ciegamente a los grandes guías o los impulsan con su acción, hasta ahora no analizada adecuadamente en la mayor parte de los casos? ¿Cuál fue el papel de los esclavos en la gran contienda política de la independencia? ¿Cuáles fueron las realizaciones de Bolívar correspondientes a los ideales de su clase, los mantuanos? ¿Reflejó Bolívar a su sociedad? ¿En qué sentido? ¿Entra alguna vez Bolívar en contradicción con los sectores que lo eligieron repetidamente como conductor?... ¿Fue Bolívar sacrificado por su clase después de haberlo empleado…?”.
Estas y otras preguntas son realizadas en el texto al que invitamos a revisar para conocer más acerca de Bolívar y su contexto; lo que es lo mismo decir, para conocernos a nosotros y nuestro acaecer. Pero estas interrogantes sólo son pertinentes hacérnosla ubicándolas en su debido contexto, para proyectarlas sobre nuestro propio tiempo, haciéndolas nuestras, haciendo nuestro a ese Bolívar que tanto nos han querido alejar.
En el relato de Acosta Saignes tienen prioridad cuestiones ontológicas que permiten comprender al lector el universo que rodeó al Libertador durante la gran revolución, y que privan por encima de los análisis áridos y estériles muchas veces repetidos de su personalidad, o de tal o cual acontecimiento; cuestiones como el Ser mismo del llanero, rastreando sus orígenes y afirmando que “los primeros llaneros de Venezuela fueron indígenas”, estudiando la formación económico-social de los llanos, y el cómo fueron los llanos mismos la base económica que permitió el desarrollo de la guerra.
Se aboca a indagar en la demografía y producción de un pueblo devastado por la guerra, de cómo el saqueo durante el terrible año de 1814, formó parte de una nueva forma de economía de guerra, impulsada por la gran masa de pardos, indios y negros liderados por el primer verdadero caudillo de las masas populares, el español José Tomás Boves, que desató contra los criollos mantuanos toda la furia contenida en un pueblo cansado de la explotación ejercida por más de doscientos años a manos de sus amos criollos, más que por un lejano rey que jamás habían visto.
El escritor busca respuestas en cuestiones que se alejan de los grandes análisis políticos, pero que indagan el quehacer diario de las comunidades como por ejemplo, la importancia de los cueros en la economía colonial venezolana, o el carácter latifundista de la tenencia de la tierra. Nos explica que no era el territorio lo que marcaba la riqueza sino el número de cabezas de ganado que se poseía en las postrimerías de la guerra. Intenta vincular los ejercicios económicos de nuestra accidentada y variopinta geografía nacional, con sus modos de vida, y el cisma que produjo la revolución en ellos. La Importancia de la base productiva de los ejércitos libertadores, las transacciones comerciales con las Antillas, la titánica tarea que suponía la manutención del ejército y la obtención de las armas para continuar la lucha, y se pasea por los problemas de abastecimiento.
No hay que ser muy perspicaz, para darnos cuentas que salvando las distancias temporales, las luchas y las distorsiones que se generaron hace más de doscientos años producto del colapso de un modelo, se nos vuelven a presentar retos similares, porque si bien es cierto que la historia no se repite, no es menos cierto que lo que sí tienden a repetirse en la historia son los fenómenos.
El Bolívar que se nos muestra aquí es un hombre que como su sociedad, sufre un proceso de transformación espiritual, interno, condicionado por los acontecimientos que por fuerzas históricas y no por destino providencial le tocó vivir y liderar; En principio y fundamentalmente fue sin lugar a dudas no solo conductor principal de los ejércitos sino como indica El escritor fue el mayor representante de la clase que gua guerra de emancipación: la de los criollos o mantuanos. M.A. Saignes sirviéndose de Marx y Engels nos explica el por qué. “las ideas de la clase dominante en cada época, son las ideas de esa época. Los individuos que toman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello, y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión y, por tanto, entre otras cosas, también, como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean por ello mismo las ideas dominantes de la época.”
Pero este mismo Bolívar, es el que se irá dando cuenta, comprendiendo la sociología de las conmociones sociales, de que la conducta de los individuos era el resultado de muchas fuerzas cruzadas, ese Bolívar que en 1817, resaltó extraordinariamente la virtud de la cooperación, así como el papel del pueblo, de la gente común, incluidos los esclavos en la lucha anticolonialista, y que como nos comenta el biógrafo al que a su luz hemos querido ver “… durante 1815 y 1816 los extraordinarios esfuerzos colectivos mantuvieron vivo y combatiente el ideal de la independencia, demostraron que la empresa ya no era sólo designio de los mantuanos, sino de grupos campesinos, de llaneros, de pescadores, de gente marginal, habitadora de montes y llanos, de cumbes y rochelas, decididas a crear una sociedad distinta, hasta donde alcanzaran sus fuerzas. Los historiadores dejan en la penumbra el sufrimiento, la decisión, el valor increíble de esos venezolanos, y extranjeros también, que andaban desnudos o semi desnudos, que resistían largas temporadas con un mínimum de consumo”.
Nuevamente los fenómenos se repiten, pero lo que no debe volverse a repetir es que ni historiadores, ni sesudos analistas que no sufren en la epidermis la realidad de nuestro devenir como colectivo, secuestren nuestra historia; la de Bolívar y un pueblo que es él, porque es su tiempo histórico la sangre en la que se bañaron los acontecimientos que vivió y sufrió. Pero tampoco debemos admitir que rapten nuestra historia inmediata, nuestra historia del tiempo presente, porque si somos nosotros los que la estamos haciendo, seremos nosotros los que debemos contarla, desde las distintas perspectivas que reflejan nuestra diversidad como pueblo, como sociedad.
En su cumpleaños numero doscientos treinta y tres, no nos hemos a arriesgado a llamar a Bolívar, el Padre de la Patria, no porque no lo sintamos como tal, sino porque partiendo del ejercicio permanente que hemos estado realizando para la comprensión crítica y pertinente de nuestra América latina, nos preguntamos si Venezuela la Venezuela Bolivariana es una Patria ya conformada y no una en formación, y que un pueblo en busca de un padre que lo guíe no deja de ser un pueblo adolecente, que ratifica la necesidad de dejarse conducir por un gendarme necesario. Más bien queremos intentar sembrar la semilla de que como ha hecho alusión un compañero en los constates debates autocríticos, en referencia a otro gigante de nuestro tiempo (Chávez), veamos a Bolívar como un hijo del pueblo, un hermano, y que su genio radicaba en que como el mismo lo dijera “yo apenas he podido seguir con trémulo paso la inmensa carrera a que mi patria me guía. No he sido más que un débil instrumento puesto en acción por el gran movimiento de mis conciudadanos”. Nosotros pensamos que su grandeza no se explicaba por fuerzas sobrenaturales, sino porque como nosotros, sirviéndonos de la frase de Nietzsche el Libertador fue “Humano demasiado Humano”.
 
Simón Bolívar. Artista: Felipe García.