viernes, 24 de marzo de 2017

Breve crónica desde Venezuela.

 Por: Jonathan López 


"¿Por qué vais a Venezuela? Si no hay comida, os van a atracar, os van a matar, la policía os va a robar, etc." - nos dijeron.

Me encuentro actualmente en la La Casa del Costurero, un proyecto comunal y social del barrio de Santa Elena, en la ciudad de Mérida, la ciudad más bonita de Venezuela (a mi juicio). Ubicada en las montañas, en la región andina, donde hemos pasado de sudar en la playa a pasar frío en la montaña.

Pasar varios días en esta casa me ha permitido acercarme un poco más a la realidad del país y a los planteamientos revolucionarios. Y sobretodo conocer a personas que desde su barrio luchan y se esfuerzan por crear proyectos sociales y aportar un valor a la comunidad.

Después de 21 días en Venezuela no puedo decir que conozca demasiado el país, ni tampoco me atrevo a hacer una radiografía de su situación actual. Pero puedo decir algo: Venezuela nos ha encantado. Es cierto que el país atraviesa una crisis importante, pero si lo comparamos con el estado de otros países de Sudamérica, no nos parece tan grave. El dinero en efectivo, la inflación y la escasez de algunos productos es uno de los detalles que uno puede percibir. Sí me atrevo a afirmar que las noticias que llegan a España sobre Venezuela son exageradas o son simplemente mentira.

Pero no escribo esto para hablar de los problemas del país, de los que tengo escaso conocimiento. Nuestro breve paso por el país ha estado plagado de buenos momentos y gente hermosa. Los venezolanos y venezolanas son personas maravillosas, educados, amables y alegres. Nos decían, no hables con nadie, no te dejes ayudar, que no vean que sois extranjeros, no hables de política, etc. Pero hicimos todo lo contrario. Nos subimos a coches de desconocidos, hablamos con todo el mundo, hablamos de política y nos dejamos ayudar por mucha gente. Siempre nos trataron con atención, educación y amabilidad al vernos extranjeros. Incluso la policía.

Es un país increíble lleno de bellezas naturales que alberga diversos climas, desde sabana, selva, llano, alta montaña, playas paradisíacas y desierto. Como dije, las personas son hermosas en todos los sentidos, alegres y con una forma de hablar que me encanta. La comida es excelente, y nos hinchamos de comer! A diferencia de otros países del continente, Venezuela es un país más ordenado en muchos sentidos y las personas son tranquilas y pacientes. Y a pesar de la crisis y las carencias, mantiene una importante infraestructura de servicios sociales y públicos que otros países no tienen ni en sueños.

Antes de terminar, mientras desde España se habla de presos políticos en Venezuela, si es que los hay, debo recordar que en España se está condenando a cantantes y twiteros por hacer chistes de Carrero Blanco o canciones sobre el rey.

Quería escribir esto un día antes de cruzar la frontera con Colombia. De paso para dar noticias de que sigo vivo y aún no me han matado en Venezuela.

Lo más claro que puedo decir de Venezuela es que nos vamos con pena, con pena por no haber pasado más tiempo ni visitado mucho más el país en profundidad. Y con pena de no pasar más tiempo en Mérida con los compañeros de la Casa del Costurero y poder haber colaborado con sus proyectos.

Hasta pronto, Venezuela.


jueves, 23 de marzo de 2017

El guiso de los medicamentos en Mérida. Por Lenin Altuve.

Mérida, febrero, 2017.
Crónica de un calvario:
El día 13 de febrero me acerqué a la sede de Fundafarmacia ( red de farmacias sociales) con el fin de investigar y corroborar una información de un allegado que me notificó de una supuesta irregularidad en la oferta de medicamentos en este establecimiento. La denuncia consistía en que, al parecer un medicamento que esta persona necesitaba aparecía en la data del portal web de la cadena farmacéutica que es subsidiada por el Estado venezolano, pero que al ir a solicitarla, el personal negaba tenerla en el inventario; además de esto me aprestaba a investigar la delicada denuncia de varias personas que contacté, las mismas me participaron que a ciertas horas especificas, unas personas fuera del establecimiento recibían unas bolsas con lo que parecía ser una importante cantidad de insumos médicos, cosa por demás sospechosa. A eso de las dos y media de la tarde ingresé a la casa farmacéutica y solicité el medicamento que me había indicado el compañero para comprobar su disponibilidad, ya que efectivamente en el portal web aparecía en existencia, Tal cual me describió la fuente, el personal me notificó que no tenían en existencia el medicamento. Salí de la farmacia y con el objetivo de comprobar por mi mismo la historia sobre las supuestas personas que recibían al parecer de forma clandestina los paquetes sospechosos todos los días a eso de las 3 de la tarde, me senté muy cerca de la farmacia a esperar cual detective, cuando de repente recibí una llamada que sin saberlo, me iba a obligar a vivir en carne propia el calvario del guiso de los medicamentos en Venezuela. Esta es la crónica vivida por mí y que relato con conocimiento de causa.
La llamada era de mi esposa, que a la sazón estaba realizándose una ecografía ya que contaba con 9 semanas de embarazo “El bebé sufrió un infarto dentro del útero y no tiene signos vitales…” Me trasladé de inmediato al Centro Obstétrico (postergando de inmediato la investigación a la que me avocaba). No voy a relatar el impacto emocional y el dolor que nos causó esta noticia inesperada, ya que, los que han vivido esta situación saben lo que se siente, y los que no, se la imaginan. El informe de la especialista rezaba así:
CONCLUSIÓN: Embrión muerto retenido de 9 semanas.
CAUSA: Ausencia de cuerpo lúteo gestacional en ovarios.
Se sugiere evacuación uterina realizada por especialistas.
Allí comenzó la Odisea. De inmediato nos dirigimos con el informe médico a la sede del Seguro Social (I.V.S.S) ubicado en la AV. Las Américas; después de esperar aproximadamente una hora en la sala de emergencias, muy amablemente nos atendieron y sometieron a mi esposa a una revisión. Nos notificaron que para realizarle la intervención era necesario una cantidad de exámenes, una serie de insumos y principalmente un medicamento especial de nombre Misoprostol o en su ausencia Cytotec (que se encargan de dilatar el cuello uterino y generar contracciones en el útero para generar la expulsión del feto), y que debíamos obtenerlo lo más rápido posible ya que el feto llevaba varios días fallecido dentro del vientre y eso podía ser peligroso para la salud de mi esposa, también nos dijeron que no podían dejarla en observación ya que no había camas disponibles, y nos sugirieron visitar otros centros asistenciales públicos “a ver si teníamos suerte”. Lo primero que hicimos fue preguntar, informe en mano en el laboratorio del seguro social si estaban los reactivos disponibles para los exámenes pertinentes, la respuesta fue negativa; luego nos trasladamos al Hospital Universitario HULA en la Avenida 16 de Septiembre, la respuesta fue igual, no hay medicamentos, ni reactivos, ni camas.
Con la zozobra característica de quien atraviesa por estas situaciones y la esperanza de pasar lo más rápido posible por este penoso momento, envié a mi esposa a que intentara recibir atención en distintos centros asistenciales, mientras yo me avocaba a buscar los insumos y, en especial, el medicamento necesario para realizar la intervención. La respuesta luego de prolongadas esperas en todos los centros de atención médica fue idéntica, CAMIULA, Hospital Sor Juana Inés de la Cruz y Maternidad de Ejido “no hay insumos, ni camas disponibles!” Yo por mi parte recorrí todas las farmacias de la ciudad que me dio tiempo de visitar ya que para ese momento era tarde en la noche, sin suerte, nuevamente la respuesta que escuchaba una y otra vez era la misma; palabras más palabras menos, los trabajadores de las farmacias me informaban que ese medicamento estaba agotado en Venezuela, una de las personas que atendía me dijo que el medicamento lo fabricaba Laboratorios Pfizer y hace tiempo que no llegaba. De nueve farmacias que visité, en cuatro de ellas me dijeron algo que me hizo sentir consternado; luego de darme la negativa de la existencia del medicamento cada uno de los trabajadores como si de una puesta en escena ensayada por ellos al unísono se tratase, me llamaron aparte y me dijeron en voz baja que sabían de alguien que vendía las pastillas por fuera otro precio y que si quería me daban el número de teléfono, las dos primeras personas que me dieron esa alternativa les respondí con un ¡NO GRACIAS! Que mostraba una mezcla de desprecio e indignación por la situación. Luego, a las otras dos personas que hicieron lo mismo les acepté el número que me ofrecían, no sin sentir rabia y esperando no tener que llegar a eso. Frustrados y cansados nos dirigimos a nuestro hogar a descansar esperando tener suerte a la mañana siguiente.
Por recomendación de un familiar llamé al -0800 farmacia-, esperando obtener información de donde podía ubicar el medicamento. El operador que me atendió, fue muy paciente y cordial, me dijo que el medicamento se podía encontrar en las redes de farmacias Farmabien; me trasladé hasta las dos sucursales que hay en la ciudad; la respuesta… Negativa, al decirles que cuando llamé me remitieron a esas farmacias me dijeron que buscara en la pagina web de la farmacia para que corroborara que efectivamente no tenían al medicamento. Pero cosa curiosa, una de las muchas personas de nuestra familia y amigos que estaba buscando por cielo y tierra el medicamento, pudo contactar a una persona que laboraba en esta farmacia y que le dio la siguiente información “ese medicamento si llega pero el dueño no lo saca a la venta porque por fuera lo puede vender mucho más caro”, sin poder corroborar esta información y sin tiempo para hacerlo, seguí buscando en otras farmacias. Recorrí más de 25, la respuesta ya se la pueden imaginar.
Cabe destacar que el precio que me dieron de las venditas pastillas estaba entre 800 y 1500 bsf el blíster o frasco dependiendo de la presentación, y el médico nos había pedido 6 pastillas, cansado, desilusionado y asombrado de que en no menos de 10 establecimientos me ofrecieran el número de teléfono de alguien que aseguraban tenía las pastillas, y con el tiempo que apremiaba, decidí llamar a varios de ellos; mi sorpresa fue que todos nuevamente esbozaban más o menos el mismo discurso: “ las pastillas no las tengo yo, son de un primo.. Una prima, un amigo, un conocido, las vende individuales…” algunos me dijeron que las pastillas estaban fuera del blíster o empaque, y su precio oscilaba entre los 20 y 25 mil bsf. Es decir que debía contar al menos con 120 mil bsf, para compras unas pastillas de dudosa procedencia que en las farmacias debían tener un precio no mayor a los 1500bsf. Con miedo, indignación, rabia y mucha preocupación, luego de conseguir prestado el dinero, decidimos arriesgarnos en razón de la necesidad del momento a tranzar cual compradores de drogas ilícitas para obtener del medicamento, llegando a un kiosco de revista del centro de la ciudad con efectivo en mano, identificándome y preguntando por la persona que debía tener las pastillas, arriesgando a que me timaran o me robaran, pero aún peor, con el riesgo de que las pastillas no fueran verdaderas y causarle un daño mayor a mi esposa.
En resumen las pastillas resultaron ser las que pedían, a mi esposa no la pudieron atender en el centro asistencial y la mandaron a provocarse el aborto en su casa, y luego a regresar para el curetaje o legrado, y gracias a la providencia logramos salir bien de esta odisea.
Conclusiones: La situación actual de escases en rubros como los medicamentos en nuestro país más allá de la responsabilidad que tiene el Estado y la dinámica económica actual, tiene mucho que ver con el modo antiético que hemos adoptado los venezolanos para palear la coyuntura económica. El guiso, la viveza, el vivalapepismo, el amiguismo, el hacerse la vista gorda etc. Se ha enquistado en nuestra sociedad como antivalores, creando un círculo vicioso que obliga de una u otra manera a los ciudadanos a navegar entre esas aguas o a morir ahogado en ellas. Cuando mi esposa se trasladó a la maternidad de Ejido había una mujer joven de unos 24 años de edad con dos hijos a cuesta pasando por la misma situación que nosotros, con el agravante de que tenía mas de una semana con el niño muerto en su vientre, se veía desesperada y a todas luces de muy bajos recursos, en la maternidad no le dieron respuesta, ni la remitieron a ningún otro centro de asistencia, en sus ojos se veía la desesperanza del no saber que hacer. Quien sabe que sería de esa muchacha. Cuando nos dijeron en el Seguro Social que no había reactivos, mi esposa contactó a un familiar que trabaja en el laboratorio y por medio de ella le pudieron hacer los exámenes, eso quiere decir que los reactivos sí están, pero que los tienen destinados a ciertas personas no sé con que criterios (todos podemos imaginar cuales), de esta manera nos vimos inmersos y fuimos cómplices de situaciones irregulares, el amiguismo, la compra ilícita de medicamentos delicados que sólo deben ser obtenidos en centros especializados y con un récipe especial. Yo me pregunto ¿Son estos antivalores que sin duda alguna pululan en nuestra cotidianidad parte intrínseca de nosotros como cultura?, ¿Nos define? O por el contrario ¿La identidad del ser venezolano (todavía en constante formación) es aquella que le hace un tímido frente? Saquen ustedes sus propias conclusiones.

 

lunes, 13 de marzo de 2017

*¡No quiero show, ni comiquita, aquí está el CLAP que le lleva comidita!*

POR: Elias Sanchez.

 


 

Al cumplirse 1 año de trabajo, luego que nuestro Presidente Nicolás Maduro hiciera el llamado a conformar los Comités Locales de Abastecimiento y Producción CLAP, comparto con ustedes las siguientes reflexiones desde la vivencia personal y colectiva.

La medida de convocar al pueblo a asumir un papel protagónico en el combate de la feroz guerra económica a la que viene siendo sometido, produjo un efecto de remoralización en el seno de las organizaciones de base. Se llamó a la integración de aquellas fuerzas prominentes o quizá de mayor trayectoria en la lucha social cotidiana (Frente Francisco de Miranda, Consejos Comunales, PSUV y UNAMUJER). Como medida de ofensiva revolucionaria, incorporar la participación activa de las comunidades en el combate, imprimió una nueva dinámica en la lucha que venía siendo librada, cosa que según los gringos, había que evitar a toda costa. Podemos leer en la Agenda del Comando Sur contra Venezuela (Operación Freedom 2), documento filtrado hace un año lo siguiente;  "...hay que valorar adecuadamente el poderío del gobierno y su base social, que cuenta con millones de adherentes los cuales pueden ser cohesionados y expandirse políticamente. De allí nuestro llamado a emplearnos a fondo ahora que se vienen dando las condiciones...". Tal fue el efecto de la medida, que la respuesta de los lacayos nacionales no se hizo esperar y aparecieron las primeras pintas de calle direccionadas por sus amos del norte "CLAP=Hambre".

Nuestro presidente, en medio de una crisis del Sistema Eléctrico Nacional, con la caída del ingreso petrolero y con la oposición envalentonada por el reciente triunfo electoral por la Asamblea Nacional; logra de esta forma aglutinar al chavismo y prepararlo para las tareas encomendadas con urgencia: El Abastecimiento y la Producción.

Una vez hecho el llamado a constituir los comités e iniciados los primeros movimientos en la base del chavismo, se promovió la formación política y técnica para definir el funcionamiento de los CLAP. Se recibió instrucción sobre su conformación, pasando por ¿Cómo determinar el consumo de alimentos en cada comunidad, por rubro, por contenido nutricional? (a fin de planificar el abastecimiento local) hasta talleres para realizar contraloría social y buena atención al público. El resultado, es que no todo lo repasado en la teoría se aplicó. Por poner un ejemplo: La comida que se ha distribuido en combos ya viene preestablecida y en nada incide el diagnóstico que haga la comunidad.

Luego del proceso de formación política, que debió ser obligatorio para todos los miembros de los CLAP, se dio inicio al proceso de registro, el cual permitiría a cada CLAP disponer de un código para su efectivo reconocimiento en el terreno. Este registro implicaba vaciar en un sistema informático nacional, los datos de los responsables del CLAP, los jefes de calle, el ámbito geográfico y toda la información correspondiente a los censos de la comunidad. Este proceso de registro no ha sido concluido. Dicho registro, de completarse, debería servir para asegurarse que una misma familia o miembros distintos del mismo núcleo familiar, no sean beneficiados en dos CLAP diferentes.

Con el decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica, publicado en gaceta oficial No. 6.227 el 13 de mayo de 2.016 y sucesivamente extendido hasta el presente, quedaron definidas algunas de las funciones que cumplirían los CLAP en el combate contra la guerra económica, las cuales pasan por la necesaria articulación con las fuerzas del orden público, asunto que no se ha aprovechado lo suficiente.

Aún cuando los CLAP están enmarcados en una situación de conflicto, bien puede servir la  coyuntura para potenciar el proyecto histórico contenido en el Plan de la Patria, fortaleciendo nuestra independencia nacional y profundizando la construcción del Socalismo Bolivariano, si ponemos el acento en la superación de las siguientes dificultades:


1. Métodos de trabajo: Es necesario que existan métodos de trabajo efectivos y transparentes para que el abastecimiento por medio de las diferentes modalidades de suministro que ha dispuesto el gobierno, sea oportuno y refuerce el trabajo que con esmero desarrollan los líderes comunitarios. En este sentido debe afinarse la forma de trabajar para saber ¿qué llegará?, ¿cuándo llegará? y ¿a quienes llegará?. Hay que combatir la improvisación y la generación de falsas expectativas en las comunidades ya que esto produce un efecto contrario al que se busca con la remediación de las heridas sociales producto de la agresión económica. Se da el caso por ejemplo, de lo que observa cualquier venezolano por televisión, que se reparte en una comunidad caraqueña, y la diferencia en contenido y precio de lo que se reparte en una comunidad de Mérida. Inmediatamente puede surgir la duda y el descrédito hacia los comités en vista de que la expectativa generada no se acompaña del hecho real. Sobre la complicación que deviene en ansiedad y falta de credibilidad con causa principal en la generación de expectativas no satisfechas, agravado con la aplicación métodos de trabajo poco claros, se pueden citar otros ejemplos como el anuncio que se hiciera hace varios meses sobre la llegada de contenedores a Puerto Cabello con artículos de higiene personal para distribuir a través de los CLAP, uniformes que no llegaron a todos los CLAP, por mencionar algunos eventos de este tipo. Igualmente hay que definir los criterios de asignación entre quienes son atendidos vía CLAP y también por vía institucional (Servidores públicos). Estos criterios deben quedar claros para que exista mayor cobertura sobre el territorio, promoviendo la equidad y la justicia social. Una herramienta fundamental para lograr este objetivo, promoviendo la transparencia y confianza del pueblo en la forma como son asignados los combos por parte de la dirigencia gubernamental, tiene que ver con la aplicación urgente de la Ley de Infogobierno mediante una plataforma auditable que permita saber a cuántas familias diferentes se está llegando, con cuáles rubros y con qué frecuencia de atención.


2. Reforzar el direccionamiento político: Los CLAP, como vanguardia comunitaria política, deben precisar la variación en la correlación de fuerzas del sector donde tiene lugar su actividad. En función de ganar terreno en el campo revolucionario es necesario diseñar y ejecutar actividades que politicen aún más su accionar, resaltando las contradicciones entre los dos modelos de país en pugna y la necesidad de continuar profundizando la revolución socialista como única salida definitiva a la crisis actual. Esta tarea bien pudiera acompañarla el PSUV y el GPP con una estrategia pensada de manera colectiva, con los matices propios de cada territorio.


3. Combatir la cultura del rentismo: Ciertamente este aspecto puede sonar contradictorio, toda vez que de los productos que se distribuyen, buena parte de ellos son subsidiados por el ingreso petrolero en divisas preferenciales. Aún así, este hecho no debe pasar desapercibido. Es preciso que el pueblo tome conciencia sobre lo vulnerable de nuestra economía al depender fuertemente del mercado asociado a la exportación del petróleo y que este debate promueva la implementación de nuevas formas económicas, por ejemplo, el desarrollo de actividades productivas para la emancipación de la conciencia con expresiones libres y  asociadas.


4. Productividad: Difícilmente la "P" de los CLAP puede sustituir el aparato productivo de todo el país. Sin embargo, hay que resaltar que esta orientación permite entender la dimensión del problema económico nacional y hace consciente de su corresponsabilidad en la superación del mismo a cada individuo que se apunte a trabajar desde los CLAP. Recientemente el presidente ha anunciado que cada CLAP debe tener al menos un proyecto productivo. Aún no se ha establecido el método de presentación de estos proyectos ni las instancias de gobierno que regirán el proceso y garantizarán el cumplimiento de la política. Lo que se ha observado en buena parte de los CLAP desde su conformación hace un año, es que el interés principal de los responsables de la organización no es la producción. Es la distribución. Adicionalmente en aquellos CLAP que pudiéramos considerar como excepciones a este patrón de  comportamiento, los interesados en producir quedan absorbidos completamente por las tareas operativas del abastecimiento (organización interna, censos, recolección de dinero, búsqueda de flete, distribución, asistencia a reuniones, organización de jornadas de distribución de otros rubros alternativos, etc). Ocurre también que las experiencias productivas en algunos CLAP son promovidas como esfuerzo individual de algún miembro de la comunidad. No se trasciende aún con fuerza hacia las formas asociativas o colectivas de producción como ejemplos concretos, locales, de la modificación de las relaciones de producción que tienen que ocurrir en los esfuerzos incipientes del socialismo en lo local. Este asunto referido a la productividad, varía entre las posibilidades de los espacios urbanos y las que ofrecen los espacios rurales. Sobre esta gama de posbilidades es necesario realizar una planificación que permita abastecer con rubros localmente producidos, lo que es imposible producir y es necesario en otros lugares. Es necesario implementar estas compensaciones creando las instancias para que los CLAP se encuentren y se articulen. Es necesario en este aspecto promover la producción de alimentos alternativos, locales, sanos y soberanos. Hay que pujar para romper con la dependencia y que en algún momento esa misma bolsa o caja que se entrega, contenga productos regionales (harina de plátano, de yuca, frutas deshidratadas, hortalizas y verduras, etc)


5. La participación de los entes gubernamentales: Es fundamental acompañar y reforzar el accionar de los CLAP con la capacidad de gobierno en cuanto a los procesos de fiscalización de las unidades de producción, almacenamiento y distribución de propiedad privada en cada comunidad. Estas unidades no se encuentran en el aire. Pertenecen a un territorio donde en teoría debe existir un CLAP o un consejo comunal. La acción de gobierno tiene que ser efectiva para que dicha unidad privada esté a disposición en primera instancia de los habitantes que le circundan y no solamente al servicio de las redes de comercialización privadas sobre las cuales no hay controles suficientemente efectivos. Repito, en esto debe haber acción contundente, y según el decreto de Estado de Excpeción, los CLAP están facultados para ello, en coordinación con las instancias gubernamentales  (SENIAT, SUNDDE, MPPTSS, INPSASEL, PNB, GNB). La Gran Misión Abastecimiento Seguro y Soberano con sus 7 vértices (productivo, logístico, de comercialización, sistema de precios, organización productiva, seguridad y defensa e investigación y desarrollo) aún no se hace sentir como una política extendida en el seno de los CLAP para garantizar su efectividad.

Sobre estos aspectos pudiera mejorarse la acción de los CLAP en aras de superar la crisis de manera definitiva, con una perspectiva clara del horizonte que nos hemos trazado con Chávez que no es otro diferente al Socialismo. Los CLAP deben servir para fortalecer a los Consejos Comunales y Comunas como células de ese Estado Comunal que estamos llamados a construir.

Los CLAP son un proyecto que viene a hilvanar con mayor precisión la organización de las y los revolucionarios sobre el territorio para la defensa del mismo. Hay resultados concretos y uno de ellos es que el pueblo chavista, amoroso, desprendido, es quien ha tomado partido en la distribución de alimentos de forma voluntaria, mientras que la oposición no hace otra cosa que intentar agravar la crisis y generando mayor malestar en el pueblo, con una evidente intencionalidad política.

Como proyecto, los CLAP tienen un potencial tremendo que puede dar grandes frutos, empezando por su composición de mujeres y hombres que son vanguardia y que han decidido restearse con la revolución en uno de sus momentos más duros. Allí hay un acumulado de conciencia, de entrega, que debe sobreponerse al oportunismo y al clientelismo. En este primer año de los CLAP, viviéndolo desde adentro, puedo afirmar que acá hay un pueblo arrecho, heredero de Bolívar y de Chávez que no se dejará doblegar.

¡Vivan los CLAP!

¡Viva el Poder Popular!


domingo, 5 de marzo de 2017

Entre el autogol entreguista y la utopía andante.


Por: Carlos Rivas*


Siempre hemos tenido la percepción, de que la vida en democracia nos invita permanentemente al debate sobre una infinidad de asuntos atinentes a la sociedad, bueno, todo eso se confirma definitivamente cuando el tren de la historia nos sumerge en una revolución popular. Es decir, en una situación revolucionaria, sí es verdad que el debate se explaya de una manera casi desbordante. Y no puede ser de otra manera. Debatir abiertamente para hacer un ejercicio pedagógico colectivo, multidireccional, que permita aterrizar planteamientos que se generan desde el gobierno, y cómo el poder se refleja frente a estos.

Gobernar, no es lo mismo que decir 'gobernar en revolución', lo segundo nos abre un panorama mucho más complejo, pues aborda una perspectiva conceptual radicalmente diferente a lo que pudiera ser un planteamiento tradicional (por no decir de derecha, centro, centro izquierda, etc), en ese sentido, concepciones como gobernar obedeciendo al mandato popular, construir gobierno desde una dirección colectiva, facilitar la consolidación de autogobiernos comunales, forman parte de horizonte político que permite edificar nuevas formas de entender la política desde la construcción de nuevas maneras de entender el poder. Por ello, la toma de decisiones y el acto mismo de gobernar amerita un esfuerzo riguroso por hacer de los mismos un ejercicio científico, que nos permita alcanzar objetivos cualitativos que den cuenta de la transformación efectiva de la sociedad.

Todo eso suma, por un lado a que un gobierno popular debe atender a su pueblo, impulsando al mismo tiempo herramientas y canales para que la emancipación social sea un asunto real y palpable en la cotidianidad, esto, NO bajo una concepción "lastimera y dadivosa" de la pobreza, sino acometiendo un ejercicio serio, de planes, métodos, programas que miren la integralidad de los problemas sociales. Tampoco se trata de una tecnocracia indolente, híper-estadística, de 'guachos' y números en papel, que en muchas ocasiones nada tienen que ver con la realidad. Se trata, entre otras cosas, de contextualizar los programas, analizar a profundidad su alcance, verificar su impacto real, para evitar mentir-nos. Como dicen en la calle: cónchale chico, evitar caernos a coba, a mojones, a embuste.


Los dos debates.


1. Por un lado tenemos, que el pasado año 2016, fue uno de los más duros para el pueblo venezolano, año en el que la crisis económica se hizo evidente, pues demostraron la mayor saña en contra del pueblo, en ese contexto caótico, de incertidumbre, la voluntad política de atención al pueblo, en conjunto con la misión alimentación, en éste caso PDMercal (Abril de 2003), herramienta creada por la revolución precisamente para combatir en situaciones difíciles, pudo apalear la situación y evitar que el país entero se sumergiera en una ola de violencia imparable a causa del carente acceso a los insumos alimenticios. Hay que reconocerlo, en gran parte del territorio nacional, fue Mercal, quien sostuvo lo que vendría a ser un desenlace violento para la revolución Bolivariana. Las comunidades se organizaron, atendieron a un gran número de familias y generaron un clima de certeza, de que por 'lo menos', contaban con una periodicidad determinada para el acceso a los alimentos que se expenden en dichos establecimientos.

Ya entrado el año 2017, con mejor semblante que aquel 2016, nos encontramos con algunas decisiones que reflejan contradicciones con la esencia misma de la revolución. Soltar a la gente a las fauces del mercado depredador del salario de los trabajadores, no es más que abandonar todos los postulados que defienden al ingreso del pueblo. Es eso lo que puede pasar, precisamente, si entregamos a nuestra gente al "sálvese quien pueda", y ahí está el mercado que sabe que hacer con el ingreso del pueblo trabajador, esos mismos que le meten la mano en el bolsillo a la gente para que a lo sumo puedan sobrevivir.

La decisión, de que la red PDMercal deje de atender al pueblo, y que distribuya exclusivamente productos regionales, sin haber consolidado la política de atención de los comités locales abastecimiento y producción (CLAP), es aplicar casi un suicidio político, pues el programa de distribución de los CLAP'S aun no atiende ni siquiera al 40% de la población. Nuestro pueblo sigue en condiciones de vulnerabilidad, y es responsabilidad de la revolución proteger a su gente.

No es que no tenga sentido el planteamiento de migrar la política de lo que es la red PDMercal hacia la consolidación de los CLAP's como nueva forma de entender la distribución y producción de los insumos de primera necesidad, el problema radica en que esos planteamientos deben ser re-orientados luego haber consolidado otros planes, que den cuenta de la superación de la concepción rentista y den saltos cualitativos hacia la consolidación de un proceso emancipador y soberano.

Todo eso se suma a la certeza que tiene el pueblo, de que los planes sociales creados por la revolución Bolivariana son la representación viva del legado de Chávez, y evidentemente representa un motivo de movilización permanente por la defensa de lo que se convierte en una conquista histórica del pueblo venezolano y sus luchas. Ya se escucha en cada rincón de esta patria, desde las comunidades, desde el barrio, desde las comunas, desde los movimientos sociales: "No nos vamos a dejar quitar a Chávez".

"Cierre técnico", "abandono de la política solidaria", "renuncia a los planes creados para atender a nuestro pueblo", "venta de productos regionales, de empresas capitalistas", "privatización", cualquiera de las anteriores deja mucho que desear, pues se parecen más a Macri, que a Chávez. Y que no se mal interprete esto con el afianzamiento de la concepción 'paternalista de Estado', pues en definitiva nuestro pueblo tiene derecho también a vivir dignamente.


2. Por otro lado tenemos, que el mayor logro de la revolución no es la venta de pasta y harina. La posibilidad de consolidar los auto-gobiernos populares es el proyecto más hermoso que el movimiento popular ha tenido en sus manos en la historia de la modernidad en latinoAmérica. Eso invita a las organizaciones sociales a construir un programa de gobierno popular, que permita avanzar en autosutentabilidad, soberanía y sostenibilidad, desde el trabajo, desde la producción, desde la posibilidad de consolidación de un tejido social que permita gobernar territorios enteros, con una mirada integral de los procesos sociales los cuales marcan la cotidianidad de nuestra realidad.

Le queda al movimiento popular, hecho comuna, construir una contra-hegemonía rebelde, con un plan de gobierno, que haga realidad definitivamente el traslado del lugar de enunciación del liderazgo, es decir, ya el pueblo deja de ser un espacio receptor de lineamientos, y pasa a la vanguardia, con nuevas lógicas políticas desde lo colectivo, desde lo transformador en cuanto a organización de la producción.

Nuevos códigos, nuevas concepciones, nuevos lugares de enunciación, nuevas maneras de entender el poder. La potencia que tenemos como movimiento popular de consolidar un bloque histórico que haga un ejercicio de organización territorial, es la esencia del proyecto histórico que teje el pueblo, desde sus realidades cotidianas, desde la necesidad de vivir con dignidad. Redes de intercambio, sistemas solidarios, corredores geo-históricos para el auto-gobierno comunal, apropiación de medios de producción, educación popular liberadora, comunicación subversiva y constructora de una nueva identidad.

El contexto:


"Me río del hambre, después de haber comido", reflejo del liberalismo decadente, el individualismo miserable de la socialización del hambre y la miseria. La competencia y la negación del conflicto, lo más terrible que ha conocido esta civilización. Cerrar la red PDMercal es matar el subsidio y aupar el suicidio político, y para nosotros no crear un programa de auto-gobierno comunal es hacernos un autogol.

Lo que comemos no es sano, a lo que obedecemos tampoco:

"Este agronegocio globalizado no solo ha traído el aumento de enfermedades transmitidas a través de los alimentos, sino hambre, pérdida de sabores, olores y sazones, olvido de nuestra gastronomía autóctona, pérdida cultural (símbolos, conocimientos y creencias), privatización de nuestros alimentos y conocimientos, devastación de ecosistemas, y climas, despojo de agricultores de sus tierras y estigmatización de sus métodos, etc.

El agronegocio y la agroindustria sabe que nuestra soberanía está en retomar nuestros propios referentes y no en buscar una agroalimentación foránea, por eso estas campañas, para hacernos creer que lo cultural y "sano" son las harinas precocidas procesadas industrialmente.

Seremos los mismos de siempre, ahí en la calle nos veremos defendiendo los logros de nuestra revolución.

Es hora del movimiento popular. El que siempre estará en combate.


* Vocero de la casa del costurero

Estudiante de la escuela popular de comunicación (EPC-Eulogio Paredes)

carlos_rivas_45@hotmail.com




miércoles, 15 de febrero de 2017

APUNTES: LA DESTRUCCIÓN CULTURAL DE IRAK VISTA EN LA PERSPECTIVA DEL TIEMPO TRANSCURRIDO


Trino Borges 10-02-2017

I

Señalamiento hecho por Mario Sanoja e Iraida Vargas, después de los bombardeos a la antigua MESOPOTAMIA, en el 2002: "Para borrar la historia del pueblo irakí, las evidencias de la vieja civilización, los extraordinarios museos arqueológicos que guardaban los testimonios del origen de la civilización, las bibliotecas donde reposaban los textos milenarios del Islam, fueron saqueados y quemados y vendidos sus 0bjetos al mejor postor. Horrible crimen contra la Cultura Universal".



II

¿Qué decir hoy, 2017, quince años después de aquellos tristes acontecimientos? ¿Cuál es la situación exacta en la patria de Ut-Napistin, de Gilgamesh, de Hamurabi, de Harun al Rashid? ¿Cómo están los suelos regados por el Eufrates y el Tigris? ¿Cómo está la Bagdad de Las Mil y una Noches? ¿Cuántas personas han muerto? ¿Qué ha dicho la UNESCO, la ONU? ¿Qué movimientos de resistencia política habrían podido surgir en esos espacios tan maltratados y vejados? ¿Qué denunciaron los intelectuales estadosunidenses, Noam Chomsky?



III

¿Cómo se halla política y culturalmente, en este siglo XXI, el resto del Medio Oriente? ¿Cuántas bases militares de Estados Unidos están en pleno funcionamiento en dicha zona? ¿Cuál es la Geopolìtica reinante en esos predios? ¿Estaría en marcha otra cartografía con delimitaciones muy distintas a las actuales, vigentes todavía?


Una Opinión Política sobre la contracultura.


por: Miguel Hernández 

Te hacen una entrevista por cultor, por poeta,  desde una revista de arte...
 Y cuando veo, estaba en una pagina donde tienen artículos sobre superheroes "Jolibudenses"  
Les pregunto con un poco de escozor :
¿ si "Liberarte" es un espacio exponencial de cultores y contracultura por qué le interesan las películas de superhéroes?
  (ammm... cosa que hicieron publica porque se sintieron ofendidos, pero antes intentaron mejorar y nutrir su respuesta, pero sigue siendo una chorrada) Y  responden :
 
Liberarte, Revista de Arte y Libertad, tiene como política el campo de la comunicación y su estudio permanente. La Búsqueda de formas vanguardistas para la proyección del hecho Cultural y artístico.

Muchas formas de recepción del mensaje, responden entre otros elementos, a la realidad, entorno, experiencias, intercambios y conocimientos adquiridos a lo largo del tiempo por el receptor. Somos un medio dirigido a todo publico, que comunica. La interpretación que el usuario pueda hacer del mensaje no es nuestra responsabilidad o competencia.

Podemos decir que rebasamos los estereotipos porque creemos en la libre expresión estética de la creación. Un punto de referencia para la definición de Contracultura.
(hasta aquí, el mondongo de "confleix" que dijeron pretendiendo que no iba decir más)

Ojalá me lean:

Cómo puede ser "spiderman" una política de comunicación al lado de cultores populares ? es una ofensa, tira por el suelo la verdadera contracultura, y deja la evidente, la plasmada, la homusvidens, la trastornada sociedad de una cultura alienante.
Que bueno que estén estudiando, cuando se comunica se tiene una responsabilidad muy grande y más en materia de arte.
Hay que dejar de ser frívolo y estar abierto a las criticas .

martes, 14 de febrero de 2017

"Mi compadre Juan Valero y la revolución" de Frank David Bedoya Muñoz

Mi compadre Juan Valero y la revolución - Capítulos 1, 2 y 3 - final










Mi compadre Juan Valero y la revolución



Capítulo 1

Yo estaba muy aburrido en Caracas porque no había podido conocer personalmente al comandante Chávez y, mucho menos había logrado, que él leyera mi conferencia: “¿Por qué en Colombia nunca quisieron a Bolívar?”

Me había conseguido dos amigos comunistas, no de los comunistas de influencia soviética, sino de una nueva versión «crítica» del comunismo. Ellos, al principio, estaban dudando de ayudarme a conseguir trabajo, porque “un bolivariano caudillista –como era yo- era un impedimento para desarrollar la lucha de clases”.

Cuando Chávez le dijo a los comunistas que él quería hacer una revolución ellos le pusieron la cara más seria que tenían y le dijeron que no, “que primero había que esperar a que se dieran las condiciones objetivas y subjetivas para…” entonces Chávez, los miró así como cuando él miraba con esa sonrisa espontánea y burlona, y les dijo: “entonces yo voy a hacer la revolución sólo sin ustedes”. Y cuando años después, Chávez ganó sólo la revolución, estos mismos comunistas le pidieron una cita para que él los dejara -ahora sí- participar en la revolución. Pero como Chávez no era bobo y sabía que ellos lo único que querían eran puestos en el gobierno, entonces Chávez no los atendió, pero, sí ordenó que les dieran alguna cuota burocrática en uno de los tantos ministerios que él se inventó. Y cuando estos comunistas se dieron cuenta que ahora eran nómina de la revolución, pelaron sus dientes y se compraron una franela con la imagen de Chávez y unas boinas rojas de esas baratas que se conseguían en el centro.

Un día, uno de mis amigos comunistas «críticos» me invitó a tomar unas cervezas en el centro, en un restaurante de italianos, donde no se vendía comida sino cervezas y donde la gente jugaba cartas y dominó. Los italianos como siempre, tan blancos y tan elegantes, cuando nos vieron entrar por la puerta, nos miraron como con cara de ahí llegaron dos nadies. Nosotros éramos los únicos negros y bajitos de ese lugar. Mi amigo comunista, estaba muy orgulloso de su identidad revolucionaria y siempre hablaba duro con un tono de voz como la voz de Vito Corleone. Y me dijo muy despacio: “colombiano te vamos a ayudar, pero olvídate de enseñar a Bolívar, estamos de Bolívar hasta los huevos, volvete serio y apréndete de memoria nuestro último manifiesto crítico de la revolución. Nosotros somos chavistas, pero temporalmente, tenemos hombres en cada una de las partes del gobierno, pero no porque nos interese trabajar, sino porque queremos ir ganando posiciones estratégicas para cuando se den las condiciones objetivas y subjetivas. No hables tanto colombiano que vos sos muy boquiabierto. Al principio no te van a pagar porque primero te deben conocer, ya después con el tiempo si te haces querer, de pronto te pagan, mientras tanto ve conociendo a la gente, colombiano, y vete leyendo este manifiesto crítico de la revolución que lo acabamos de hacer”. Yo le dije que bueno señor, que gracias por ayudarme y que sí me podía tomar otra cerveza, de esas que vienen en las botellas azulitas, y él me dijo que sí, pero que una no más porque los revolucionarios no podíamos ser borrachos.

Un día yo estaba sólo por la noche en un hospedaje de un canal comunitario en Caricuao pensando en una muchacha y mi amigo comunista me llamó y me dijo que organizara mis maletas que nos íbamos para Guárico al otro día cuando saliera el sol, que nos íbamos a encontrar en la estación del metro que se llamaba La rinconada. Ya no me acuerdo porque esa noche yo tenía plata y me compré una botella de cocuy del barato del que venden en una botella de plástico, de ese mismo Cocuy que me había enseñado a tomar mi amiga Yakelin, entonces terminé borracho escuchando unas canciones de Mercedes Sosa y escribiendo un diario que solo leían cuatro personas.

Cuando salió el sol en Caricuao yo me levanté con un guayabo muy duro, pero no se llamaba guayabo, sino ratón, porque en Venezuela uno no se levanta enguayabado sino enratonado. No tenía con que desayunar entonces lo único que tomé fue de esa agüita fría que sale en chorrito de una maquina cuando uno le aprieta un botón. Iba muy triste porque a pesar de todo yo había vivido muy bueno en Caracas. Me había conseguido una novia argentina pero que solo me duró una semana porque ella se había ido para Venezuela era a pasear y no hablar de política y yo nunca tenía un Bolívar para invitarla a nada. Me había conseguido unas buenas amigas para beber y comer, que me ayudaron a vivir en Caracas. En seis largos meses solo pude acostarme dos veces con una mujer, una vez con la argentina pero ella se enojó porque yo no sabía follar, y con otra que era, para desventaja mía, muy buena persona pero muy vieja. En ellas iba yo pensando triste, con mi única maleta, y con un cuadro de Bolívar que yo cargaba para todos lados, para que la gente se acabara de convencer de que yo era bolivariano. Pero ese cuadro me estorbó mucho en el metro de Caracas y la gente que siempre se levantaba malhumorada para ir a trabajar, porque ciertamente trabajar es muy maluco y por eso es que le pagan a uno, me miraban con rabia por mi cuadro de Bolívar. Pero yo me aferraba a él porque ese cuadro de Bolívar era lo único de valor que yo tenía en la vida. Cuando mi amigo comunista me vio llegar con el cuadro de Bolívar, se ofuscó, y me miró con cara de este colombiano si es güevón. Me dijo sin disimular su enfado que el cuadro no iba para Guárico que él me lo guardaba en su apartamento de revolucionario en Caracas, y yo le dije que no, que yo ese cuadro no lo soltaba por nada del mundo, y lo miré con cara de que yo no confío en usted. Él siguió enfadado, y apresuró el paso, y yo lo seguí con mi cuadro y con mi maleta.

Yo estaba muy asombrado porque yo pensaba que en el Llano uno veía muchas vacas, pero en este Llano solo había manga. En todo el camino no pude ver ni un sólo animalito. Yo iba muy incómodo en el bus porque tenía una necesidad apremiante de ir al excusado, pero todos los baños de las terminales de transporte en Venezuela nunca tienen papel higiénico, es que ni pagando tienen. Y yo pensaba muy afligido preguntándome a mí mismo qué carajos iba a dejar yo en el excusado si lo único que tenía en la barriga era Cocuy y agua fría de chorrito. Mientras tanto mi amigo comunista me hablaba de cómo el camarada Stalin no era tan malo como decía la gente, que incluso el camarada Che Guevara admiraba mucho al camarada Stalin, que incluso llevaba una estampita del camarada Stalin en su billetera en la selva. Yo miraba a mí camarada amigo comunista con cara de filósofo preocupado y él se alegraba porque yo estaba aprendiendo del comunismo, pero mi cara de preocupado era porque yo quería ir a un excusado limpio y con papel higiénico. Al rato yo no sé de donde saqué voluntad y le dije a mi amigo comunista qué por qué este Llano tan grande no tiene ni una vaca y él me dijo: "¡Ay¡ colombiano usted si es bruto, las vacas están en el Apure, en Guárico sólo hay maíz". Yo lo miré con asombro y volví a mirar por la ventana del bus.





Capítulo 2


Cuando uno veía, por casualidad, a un presidente de una empresa grande en Colombia, uno veía a un pavo real vestido de corbata, lentes oscuros, cabello rubio, dientes blancos resplandecientes y una mirada de desdén por el resto del mundo, que uno pensaba que a esos señores, solamente les hacía falta hacer milagros para que los confundieran con dios. De esto me acordé cuando mi amigo comunista me presentó al presidente de la Empresa Socialista de Riego Río Tiznados y a su equipo de gerentes y asesores. Al contrario de los empresarios colombianos, los empresarios venezolanos mostraban en sus atuendos y en sus poses, una espontaneidad, una rudeza, una jovialidad tan esplendida que uno con ellos, sí que quedaba asombrado de verdad; ellos, con unas características más de caudillos que las que tenían los señoritos empresarios, hijos de papi, que se ven en Colombia. Claro está, que estos empresarios que yo estaba conociendo en Guárico eran llaneros, chavistas y revolucionarios. No digo que en Caracas no haya otro tipo de empresarios, igualitos a todos los del narcicismo del capitalismo. Pero no, éstos que acababa de conocer que eran pueblo pueblo; pueblo con plata. Ellos vieron llegar primero a mi amigo comunista que me adelantó el paso, ellos lo respetaban un poco; no mucho, me enteré después, pero sí lo respetaban un poco, porque era un camarada de la ciudad, cuota burocrática del chavismo. Mi amigo comunista me había dicho, antes de llegar, que esos gerentes de la empresa socialista eran en jerarquía inferiores a él, pero que ellos no lo sabían. Yo lo miré con asombro, pero luego me enteré que los que tenían verdaderamente poder eran ellos y no se daban tantas ínfulas o por lo menos no se la daban con la palabra. Así llegamos pues, yo llegaba arrastrando mi maleta y mi cuadro de Bolívar, hasta que llegué donde los gerentes, estaban en un galpón, el día era soleado, estaban echando bromas, y no como he dicho, en una sala de juntas encerrados, sino como si estuvieran en una gallera, ellos me miraron y al verme con ese cuadro de Bolívar, me vieron como cuando uno ve llegar un niño con un juguete, o sea que no me admiraron en ese primer instante como bolivariano, sino que me vieron con afecto, porque me veían como un niño de cuatro años exhibiendo su juguete predilecto. Yo les sonreí y les dije mi nombre, pero ellos nunca me lo escucharon y desde ese instante me bautizaron “Colombia”.

Mi amigo comunista me hizo un recorrido por las instalaciones de la empresa, luego me dejó solo a ratos para él sostener unas reuniones “secretas” donde yo no podía estar. Y yo ahí calladito, en unas habitaciones que serían mi “vivienda” durante dos largos años y medio (pero eso no lo sabía aún); estaba pues ahí yo desempacando mis libritos, mis deshilachadas prendas y mi cuadro de Bolívar, que de tanto ajetreo, el óleo seco en algunas partes del rostro del Libertador ya se estaba resquebrajando. Mi amigo comunista finalmente, antes de irse, me iba indicando con cautela, quién era quién en la empresa, “colombiano, aquel es peligroso, cuidado qué habla con él; aquel otro es muy importante, se discreto con él; aquel otro es insignificante pero es muy chismoso…. aquel otro es muy peligroso, etc.” me hizo tantas advertencias, que yo me confundí y con los peligrosos no tuve cuidado y con los no peligrosos le temí y me alejé de ellos, total que los confundí a todos, como se verá después, para suerte mía; si yo le hubiera hecho caso en todo a mí amigo comunista, no hubiera durado allá tres días, pero como fui yo, así como soy yo de desfachatado, y por eso mismo allá triunfé. Mi amigo, camarada comunista, al otro día se fue, se regresaba para Caracas, me dejaba instalado en lo profundo de los Llanos centrales venezolanos, en la profundidad de la revolución. Yo sentí un alivio cuando mi amigo comunista se fue, me tenía mamado, (no mamado de mamar) sino la palabra “mamado” que utilizamos en Medellín para decir que otro lo tiene a uno cansado por su intensidad. Ah pero antes de irse, me dijo en el lenguaje de su misterioso comunismo, que teníamos que elegir un alias para mí, y me sugirió el alias: “Zamora”. Como yo ya sabía quién era Zamora, no hay que olvidar que yo era historiador. Yo no quería que me confundieran con el primer Zamora, entonces le dije que no, que Zamora no, que mejor: “Zamora II”. Él me miró con cara de desconsuelo y de ¿¡ay! de dónde me sacaría yo a este colombiano loco?! No me dijo nada más y se marchó.

Tengo que decir en pocas palabras ¿qué era –cuando yo la conocí- la Empresa Socialista de Riego Río Tiznados? ¿Cómo era esta empresa que sería mi hogar en Venezuela durante dos años y algo más? Lo tengo que decir con pocas palabras, porque el autor de ese cuento necesita que esto sea un cuento, no una novela, ni un ensayo de un historiador lleno de argumentos, el autor de este cuento, necesita contar esta historia con brevedad y con desfachatez, así como es él en esencia, antes de ser historiador.

A los pocos días de estar en la empresa vi a un hombre caminando con una mirada altiva, el ceño fruncido, un bigote que se cerraba en estilo candado, bien cuidado como si fuera el de bigote de un francés, una mirada seria, mezcla entre un Don Juan y un dictador. A este hombre le faltaba su brazo izquierdo, todo el brazo completo no estaba desde el hombro, pero en su caminar, en sus movimientos este llanero soberbio e imperioso se movía como si no le faltara un brazo. Este hombre se llamaba Juan Valero, era el gerente general de la empresa.

Días después, conocí a otro gerente, éste era el gerente de producción, este casi no se veía en la empresa, se mantenía en el campo, era un hombre robusto, con características indianas, era astuto, jovial, escurridizo, un día por la ventana, que era su oficina, la que nunca utilizaba, desde esa ventana me llamó, “¡Ey! ¡Colombia! Ven”, y me lanzó una bolsa pequeña, en su interior había un cepillo de dientes nuevo, y una crema de dientes, nueva también. Yo me quedé sorprendido. Este hombre, caudillo de pura cepa, se había enterado de los penurias domesticas que yo vivía ahí, que tenía un cepillo viejo que traía de Medellín, que ya era más base de plástico que hilos para cepillar. Este gerente generoso y solidario con el colombiano se llamaba Jean Carlos Díaz.

Antes de que Chávez hiciera la revolución, en estos Llanos, los godos (es decir, los de la IV República) habían construido una represa para darle agua a las tierras secas del llano, así como lo hacían todos los godos, esta represa quedó incompleta en sus canales de riego y sólo era pensanda para beneficiar a los mismos ricos hacendados de siempre. Como Chávez amaba el llano y pensaba en todos los rincones olvidados del país, ordenó reactivar la represa y terminar de construir los canales de riego, y contrató a una constructora canadiense para que construyera un complejo agroindustrial con los estándares de la más alta calidad productiva del mundo, con nueve silos con la capacidad de acondicionar y procesar cincuenta y cuatro millones de kilos de maíz. El lugar era hermoso, me dan ganas de acompañar este cuento con fotografías del lugar, pero mejor no, para no distraer al lector, después agregamos las fotografías en una edición conmemorativa del cuento.

Los llaneros siempre hablan como cantadito, en voz fuerte y como cantadito, como si todo lo que hablaran fueran versos para una canción llanera. Hablaban poco, hablaban o para echar bromas, o para estar en silencio, mejor de plano ya no hablaban y lo miraban a uno con desdén, para luego volver a sonreír y volverle a echar una broma a uno. Una de las bromas que más les gustaba jugarme era con el verbo “coger” de coger alguna cosa, o esperar en carretera para que lo “recogiera” alguien, y los antioqueños utilizamos mucho el verbo “coger” del significado “coger” pero con total inocencia. Pero para los llaneros el verbo “coger” en cualquiera de sus acepciones o contexto significa “copular”. Yo tuve que ir eliminando paulatinamente de mi léxico el verbo “coger”. Los llaneros también, cada vez que tienen una discusión, hablan como si estuvieran peleando, pero no pelean de verdad, hablan como si se fueran a dar golpes, pero no se dan golpes, sino que hablan así. Tenía razón, Fernando González, cada venezolano lleva en su alma un dictador. A propósito de dictadores. Debo hacer un paréntesis en este cuento. Al autor de este cuento, siempre le ha parecido que es más conveniente para un pueblo tener un dictador de izquierda en el poder, que un presidente de derecha elegido por votos en una democracia. El autor de este cuento aprendió con Bolívar que la democracia moderna es una farsa. Fin del paréntesis. Todos los comunistas e intelectuales que llegaban a Tiznados, tarde o temprano, fracasaban. Yo no fracasé porque yo intuitivamente había dejado mi ego de intelectual, guardado en mi maleta con mis trapos, con mis libros y con mi cuadro de Bolívar. Yo, recién llegado a la empresa, le presenté a todos -a obreros y a gerentes- una conferencia que titulé: “La importancia geopolítica de la revolución bolivariana en el mundo”, allí saqué todas mis dotes de cuentero y erudición, y fasciné a más de trecientos llaneros que me escucharon alrededor de una hora en completo silencio y luego me aplaudieron como si no hubiesen estado escuchando a un historiador colombiano, sino como si les hubiera acabado de cantar Vitico Castillo. Después de eso instantes de gloria. Juan Valero, con su altivez alzó la única mano que tenía y dijo fuerte: “Muy bien todo lo que dices colombiano, admirable, te felicito… pero en el llano hay un dicho que dice: colombiano que no la caga a la entrada la caga a la salida” y todos los trecientos llaneros que habían allí se echaron a reír a carcajadas, tanta que hasta yo me puse a reír. Yo, que soy un hijo de padre campesino, de abuelo campesino, y yo que ya sabía, que por neurosis urbana, era un completo desastre para las tareas físicas, que era intelectual, pero porque no sabía “coger no” tomar un martillo, por eso era intelectual, decidí a provechar que estaba en una empresa agrícola, le pedí el favor a los asesores cubanos que en las mañanas me enseñaran a labrar la tierra y me enseñaran a sembrar. Así que yo por las mañanas era agricultor y para las tardes dejé el historiador, así que por esa sola razón, triunfé con los llaneros, porque yo antes de hablarles “paja” como dicen ellos, yo lo que hice fue ponerme a trabajar la tierra como ellos. Un día me fui para el área donde sembraban tomate a cielo abierto, en una planicie de doscientas hectáreas donde no había un solo árbol para hacer sombra, cuando yo llegué el coordinador de ese espacio me dijo, como con un poco de respeto por mi autoridad intelectual, y me dijo: “no, Colombia, usted no se ponga a pasar trabajos duros, usted acá nos sirve como supervisor del personal”. Y yo le dije que no, que dé ni ninguna manera. Que yo iba a ser el trabajo duro como todos. Menos mal que en ese tiempo mi columna estaba sana y pude agacharme repetidas veces, en esa inmensa planicie, bajo el sol inclemente del llano, plantando aquellas plantulitas de tomate que nunca se irán de mi memoria. Otro día con Matute el jefe de la cocina de la empresa y con sus cocineras, ya que me habían tomado afecto por ser aquel “Colombia” loco, un día me puse a explicarles cuál era la diferencia entre capitalismo, socialismo y comunismo. Ellos me miraban asombrados porque por fin entendían eso. Pero luego Matute con su sonrisa lúcida y con su acento de llanero me dijo: “¿Colombia pero de qué te sirve tanto, saber tantas cosas, si después te da miedo ir a cazar de noche con nosotros a conseguir la comida que nos estamos comiendo?”, se reía con afecto de mí, mientras me daba otra deliciosa arepa llanera. Y yo aprendí ahí, que un hombre que no sea capaz de conseguir él mismo la propia comida que se come, no sirve de nada, por más ilustrado que sea.

El presidente de la Empresa Socialista de Riego Río Tizando se llama Juan José Jiménez, es un hombre gigante, sonriente, pero que cuando está bravo, hasta las piedras se esconden, en el fondo es un hombre tierno, muy enamoradizo y muy querendón de los amigos y de la familia. JJJ sí es el verdadero líder de esta región del llano, en verdad tiene un alma de dictador, un dictador bueno de izquierda. Pronto yo aprendí a quererlo y admirarlo, aunque le ocasioné algunas rabias. Un día en una de la reuniones, el como buen caudillo sabía cuándo darme la palabra y cuándo no, cuándo debía ocultarme, por bienestar de ellos y el mío además. Un día que me dio la palabra, yo le dije delante de todo el mundo, que a mí me parecía una injusticia que en esa empresa que era socialista, no había equidad para dormir, dado que allá en las habitaciones en la empresa había tres tipos de seres humanos, según durmieran, los seres humanos de primera categoría que tenían una habitación sola para ellos con aire acondicionado, los seres humanos de segunda categoría que dormíamos de a veinte en una habitación más grande con aire acondicionado (en esta categoría me encontraba yo), y finalmente los ciudadanos de tercera categoría que dormían en alguna litera en el corredor sin aire acondicionado). JJJ se paró furioso de la mesa porque yo me atreví a señalar ese defecto del socialismo y todos temimos que ese gigante me echara a patadas de ese lugar, pero no, sólo defendió airadamente, que poco a poco se irían acabando los privilegios, empezando por él. Igual la discusión con el tiempo sirvió porque de la empresa desaparecieron los seres humanos de tercera categoría y solo quedamos los de la primera categoría y los de la segunda categoría.

JJJ era, o sigue siendo donde esté ahora mismo, un gran hombre noble, llanero auténtico, un buen hijo de Chávez, y si tiene suerte llegará muy alto, un dictador de izquierda, como aquellos, que está convencido el autor de este cuento, nos serían más benéficos a nuestros pueblos, que los por ejemplo, demagogos cobardes sinvergüenzas corruptos de derecha que hemos tenido en Colombia elegidos por la democracia “pura”, que nos han conducido a tantas calamidades.

Yo decidí, desde que llegué a la empresa (julio de 2012) decidí que hasta el glorioso día 7 de octubre de 2012, cuando Chávez triunfaría por última vez en las urnas, y fuera proclamado, elegido nuevamente como líder supremo de la República Bolivariana de Venezuela, yo, durante esos meses no me iba a preocupar por conseguir trabajo, sino que me iba a dedicar a disfrutar de la vida llanera, de mi aventura venezolana, por ahí escribí un diario, que tiene algún valor, pero aún escribía como historiador serio, iba a disfrutar de una de las campañas presidenciales más apasionadas de la izquierda en América Latina, la última campaña presidencial del comandante Chávez.

Yo, creía que el día del triunfo de Chávez, en la noche del 7 de octubre, JJJ iba a hacer una fiesta descomunal que duraría como 8 días. Pero no, para asombro mío, esa noche en la empresa no pasó nada. JJJ con esa cara de serio que él ponía, me dijo: “No, Colombia, mañana vemos como celebramos, recuerda que esta empresa es del Estado acá no podemos estar “jartando” (bebiendo)”. Yo entonces sentí mi felicidad inmensa porque había ganado Chávez y como pude me fui a dormir. Pero al otro día, cuando madrugué a donde Matute a desayunar, de las habitaciones a la cocina y al comedor había como diez y siete cuadras, iba yo caminando cuando me paró en seco, un conductor de la empresa, alegre, el más llanero de los llaneros, y llevaba consigo una botella de “Chimeniao” un brandy barato, que no era brandy original, sino una juagadura, mezcla de agua, colorante de brandy y mucho alcohol. Ese día, el llanero me dijo: “Colombia que te vas a ir a desayunar, vamos a celebrar el triunfo del comandante”, yo no lo dudé y me monté a ese camión y en ayunas comencé a tomar Chimeniao. Ese día increíblemente yo tenía en mis bolsillos como 800 bolívares, en billetes de esos verdes bonitos, de cincuenta bolívares, y todo ese dinero nos lo compramos en Chimeniao. Era tanta la embriaguez al medio día que ya no recuerdo muy bien el rumbo de los acontecimientos, al llanero que iba manejando el camión y que me metió en el vicio del chimeniao, efectivamente días después lo despidieron de la empresa por la falta grave de irse a beber con un colombiano y en un carro oficial. Fue tanta la borrachera que nos fuimos para otra represa, que quedaba a tres horas de la empresa, la represa de Calabozo que es inmensamente bella como un mar. Era tanta mi irracionalidad, que yo que no sé nadar, me tiré a “nadar” a la represa corriendo el riesgo de morir ahogado ebrio, o comido por un cocodrilo; pero no, sobreviví; para fortuna de ustedes desconocidos lectores que están leyendo este cuento años después. En la noche regresamos borrachos como caballos asoleados aun en el camión, llegamos a uno de los pueblos cercanos, y allí estaban todos los trabajadores de la empresa con JJJ celebrando. En el círculo más íntimo de JJJ estaban tomando el mejor wiski. Yo, con una borrachera de un día, me le acerqué a JJJ, y le dije delante de todo el mundo estas palabras: (las que me contaron luego, que les dije, porque obviamente no me acuerdo de nada esa noche) “¡¡¡¿Juan esta es la revolución socialista de ustedes!!!? ¿¡¡¡Ustedes los gerentes tomando wiski y nosotros, el proletariado, tomando esta mierda de chimeniao!!!? Cuenta la leyenda, que JJJ con mucha calma, le ordenó a sus escoltas que se llevaran al colombiano a la empresa a dormir porque se había pasado de tragos.

El 8 de octubre de 2012 yo me levanté con el más fuerte guayabo (ratón) de mi vida y con la mayor vergüenza y el más grande sentimiento de culpa que pudo haber tenido un ser humano en su existencia, me levanté muy temprano, me bañé, me cepillé los dientes con mi cepillo de dientes que me había regalado Jean Carlos, obviamente el tufo no se me quitó con la cepillada, y me dirigí muy lentamente, con los pasos más lentos de mi vida, muy despacio, casi que caminando para atrás, hacia la oficina de JJJ, eran las siete de la mañana.





Capítulo 3 (final)

  
Un día por la mañana en el Estado Barinas un par de carajitos se fueron al pueblo a averiguar qué había que hacer para hacer la primera comunión, antes de llegar a la plaza encontraron un muro a medio hacer, una construcción abandonada, era un muro largo, de esos muros que cuando uno es chamo, le dan ganas a de atravesarlo como si uno fuera un acróbata. Juan Gabriel Valero Montilla se cayó, su brazo izquierdo sufrió un golpe muy duro por la caída y se hizo una herida fea. En medio del susto y sin ningún adulto se fueron para el hospital. Un médico inconsciente o negligente o de plano bruto, le enyesó el brazo al muchachito con una herida abierta y lo mandó para la casa. Valero seguía mal, no se imaginaba que con el paso de los días, debajo del yeso, una herida le estaba pudriendo su brazo. Cuando se dieron cuenta de la bestialidad que cometió aquel “médico”, ya era muy tarde. Mi compadre Juan Valero estuvo a punto de morir. La única posibilidad de salvarle la vida fue cortarle su brazo izquierdo desde el hombro, casi que desde el corazón.


- Juan José yo estoy muy avergonzado con usted, quiero ofrecerle excusas, yo estoy muy agradecido con la vida que me han posibilitado en esta empresa. Es que yo estaba muy contento por el triunfo del comandante Chávez, usted sabe, Juan, todo lo que yo admiro a Chávez, por eso yo vine acá. Perdóneme Juan, yo le prometo que una borrachera así no la volveré a tener. Créame Juan. Perdóneme Juan.
- Tranquilo chamo, no pasa nada.
- Gracias Juan. Yo le quería decir otra cosita. Se acuerda que yo le dije que yo iba a disfrutar de la campaña y aprender de los llaneros, pero solo hasta que ganara Chávez de nuevo la presidencia. Pero ya después de esto, yo tengo que conseguir un trabajo, Juan. Sé que no es el momento más apropiado, más aun que anoche metí la pata, pero bueno, Juan, acá estamos.

En este punto JJJ se sonrió burlonamente y puso su cara de serio y me dijo: “Sí, Colombia, tranquilo, luego vamos mirando eso”. Yo agaché mi rostro, salí con mi tufo y con mi alma acongojada.


Días después y para desgracia mía, mi amigo comunista de Caracas, mandó a otro camarada para la empresa. Este nuevo compañero era un ex sindicalista del metro de Caracas, era de esos gordos de cachetes rosados con cara de buena vida, con cara de que nunca han trabajado en la vida. Se acercó sigilosamente a mí y casi que en tono secreto me dijo: “Camarada Zamora, he venido para que empecemos a coordinar juntos las estrategias para la tarea de formación e identificación de los posibles cuadros revolucionarios en Guárico. El camarada F me ha dicho que usted ya ha avanzado en la tarea, recuerde compañero que la dialéctica nos ordena que……” Este nuevo amigo comunista al parecer sabía mucho de Hegel y de Marx, pero era muy flojo, le daba ladilla (pereza) ir a desayunar a Piscícola porque “eso era muy lejos”, y eso eran como siete cuadras no más. Se levantaba a las diez de la  mañana y procuraba no salir al campo. Se atrincheró en la radio de la empresa porque allí había aire acondicionado y un televisor. Obviamente a este compañero comunista, yo le huía, tanto que un día el camarada de cachetes rosados me dijo: “Camarada Zamora tengo la impresión de que usted no quiere hablar conmigo, que usted no quiere hacer la tarea política que nos encomendaron”. Y yo le dije ya con cara de enojado, que cuál tarea política, que yo lo que estaba buscando era asegurar que me dieran trabajo, que yo ya no quería vivir más de aventura ni en los Llanos ni en ningún lado de Venezuela. Y le dije que apenas yo tuviera asegurado una estabilidad laboral, ahí si hablaríamos de política, de marxismo, o de lo que él quisiera, pero que antes no, que no hablaríamos de nada. El gordo pendejo, en vez de dejarme tranquilo, me replicó “que estaba en desacuerdo con mi incoherencia revolucionaria” que recordará las palabras del camarada F, “que nos había traído al Guárico con el único objetivo de que reclutáramos nuevos cuadros para nuestro movimiento comunista vanguardista (le faltó decir antichavista)”. Y yo que a veces me pongo mal humorado, sobre todo cuando un gordo flojo sudoroso me está hablando pendejadas, le dije: - Mire, hermano (le dije con mi mejor acento antioqueño) yo de política no hablo con cualquiera. Y me fui para otro lado.
  
La salvación de mi compadre Juan Valero fue su mamá. Su papá estaba muy triste y no logró (no porque no quisiera) en ese momento orientar a su muchacho que había perdido su mano izquierda. Pero la mamá de mi compadre, no lo trató con pesar, por el contrario le exigió más. Ella se amarraba su mano izquierda y le enseñaba al muchacho como hacer las tareas domésticas, le prohibió cualquier signo de tristeza lastimera y le dio la mejor lección de vida a mi compadre. “A uno le puede faltar una mano, pero a uno no le puede faltar la gallardía, la dignidad”. Es decir la verraquera, la arrechera (esta última en sus dos posibles acepciones: el ímpetu sexual y el coraje para emprender cualquier trabajo por más duro que sea). Así fue como mi compadre, que de niño daba muestras de ser un malandrito, al perder su mano, ganó en otras cosas, se convirtió en un verdadero revolucionario. La tarea de enseñanza de coraje de su madre, luego sería complementada con una formación política que mi compadre recibió en el Frente Francisco Miranda, frente creado por el comandante Hugo Chávez para preparar la juventud que defendería la revolución. Mi compadre Juan Valero tuvo la inmensa fortuna de irse a formar a Cuba y pudo escuchar un día completo, en persona y a pocos centímetros de él, al comandante Fidel Castro. Yo aunque nunca siento envidia, siento que por esto si me daría envidia de mi compadre, que pudo conocer de cerquita a Fidel, pero a mí no me da envidia, yo no sé qué es eso.

Mi compadre Valero no solo aprendió la disciplina revolucionaria, también aprendió a hacerle honor a su nombre, se convirtió en un don Juan. Mi compadre así y sin mano, actualmente ya tiene siete hijos de seis mujeres distintas. ¡Ay! ¿Cómo fuera mi compadre con sus dos manos? ¡Si con una sola mano y vea lo que hace y lo que le falta por hacer! ¡Salud mi compadre donde sea que estés a esta hora! Tu compadre colombiano está escribiendo lleno de amor por Chávez, por la revolución por vos.

En la Empresa Socialista de Riego Río Tiznados yo tuve el privilegio de conocer a dos auténticos revolucionarios. Mi compadre Juan Valero y mi compadre Jean Carlos Díaz. Mi compadre Jean Carlos me llevó para la ciudad de Calabozo, allí me enseñó a sembrar, allí me enseñó a amar al campo, con él yo sembré arboles de guayaba, me enseñó a ser papá, me enseñó el valor de tener una familia bonita, me mostró el coraje que uno debe tener para criar a los carajitos. Mi compadre Jean Carlos sin hablar pendejadas dogmáticas marxistas me mostró como son los hombres revolucionarios, como son los verdaderos hijos de Chávez.

Mi compadre Juan Valero me llevó a Barinas me mostró la alegría de vivir, me mostró la euforia, me mostró la pasión; por ahí un día nos chocamos en su camioneta contra un árbol, siempre salimos ilesos, felices. Mi compadre Juan Valero me enseñó como gobernar, me enseñó la autoridad que debe tener un guerrero, mi compadre me enseñó cómo ser valiente en la lucha y como ser un poeta al mismo tiempo. Mi compadre Valero me enseñó a ser llanero. Sin carajadas, sin palabrerías, sin “teorías”, sin pajas marxistas. ¡Mi compadre Juan Valero me enseñó a vivir, carajo!

Un día descubrí que el camarada bajito comunista de voz ronca que me llevó de Caracas a Guárico, fue el mismo que impidió en un primer momento que JJJ me contratara en la empresa. Porque contrataron al camarada gordo de cachetes rosados que no servía para nada, que solo servía para hablar mierda dialéctica. Un día yo me llené de valor y llamé al camarada comunista F y le dije que por el hecho de él haberme traído al Llano él no era mi dueño, le recordé que yo llegué a Venezuela solito, con mi cuadro de Bolívar. Qué yo era un hombre libre, que yo era chavista, que afortunadamente yo no era un militante comunista de partido confesional. Que yo era un comunista pero que yo no era un comunista de iglesia, que yo era comunista de sangre como lo era mi amigo Rodrigo Saldarriaga. Pero que iba a saber ese pendejo quién era Rodrigo Saldarriaga. Yo le colgué. Por primera vez me puse muy bravo con mis amigos comunistas de la ciudad, con mis amigos comunistas de la libreta trasnochada del marxismo religioso. Pero JJJ supo la verdad, supo que esos comunistas eran unos pegados, y echaron al camarada de cachetes rosados y me contrataron a mí. Por justicia y reconocimiento a mi franqueza, a mi pasión a mi fuerza revolucionaria colombiana, por mi amor colosal por Bolívar me contrataron a mí. Yo fui designado como formador político de la Empresa Socialista de Riego Río Tiznados. Empresa creada por el comandante Chávez en los llanos centrales venezolanos.

En una mañana soleada mi compadre Valero me hizo madrugar para llevarme para Barinas, y me dijo, compadre vamos a parar a desayunar en un restaurante de compatriotas tuyos, de unos colombianos que pusieron un restaurante en una carretera del llano, en el camino que va a Barinas. Un lunes a las siete de la mañana, gracias a mi compadre Juan Valero yo conocí a una muchacha hermosa de mi tierra antioqueña, le compré a la muchacha media de aguardiente original de mi tierra y me enamoré de ella. Me enamoré perdidamente de mi diosa del Olimpo. ¡Ay compadre cuántas cosas en la vida te debo!
  
Compadre de pronto este cuento no es la novela que tú esperabas que yo escribiera, pero compadre, este cuento, así todo desordenado y desfachatado es un cuento compadre que te lo escribo con mucho amor, un cuento que lo he escrito en algunas madrugadas escuchando música llanera, de esa música llanera que escuchábamos y que ahí mismo nos daba ganas de beber compadre.

Compadre Juan Valero este cuento es para usted, para nuestro comandante Chávez.

Compadre entiéndame, que uno con el tiempo se da cuenta que uno no escribe lo que quiere sino lo que puede, compadre. ¡¡¡Arpa compadre, arpa, arpa compadre, que suene el arpa compadre, que estamos contentos compadre!!!


Frank David Bedoya Muñoz